Plantas Medicinales

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Diente de León

(Taraxacum dens leonis)

El diente de león es una planta muy extendida en toda Europa. Debe su nombre a la característica forma de sus hojas que, por otra parte, pueden comerse en ensalada. La raíz del diente de león estimula la secreción de los órganos de la digestión, por lo que se utiliza en caso de hipoacidez gástrica y en los trastornos digestivos en general, como son los casos de hígado perezoso, estreñimiento, etc. Se ha demostrado científicamente que aumenta de 2 a 4 veces la secreción de bilis. También se ha destacado su beneficiosa acción sobre los cálculos renales por su acción diurética y laxante. Debido a estas acciones, se utiliza en las dietas de control de peso. Como dato curioso, debemos saber que su raíz torrefacta da un excelente sucedáneo de café beneficioso para la salud (el diente de león es de la misma familia que la achicoria).


Eucalipto (Eucalyptus globulus)

El eucalipto es originario de Australia. Se introdujo en Europa a finales del siglo XIX con el fin de sanear regiones pantanosas. En medicina, sólo se utilizan las hojas de la especie "globulus" por sus propiedades antisépticas sobre las vías respiratorias. Éstas deben su actividad a la gran riqueza de su aceite esencial en eucaliptol. Las propiedades "antibacterias" y "antihongos" del aceite esencial del eucalipto han sido demostradas científicamente, así como sus propiedades antivíricas, especialmente contra la gripe. Otra propiedad interesante de las hojas del eucalipto es su efecto hipoglucemienate, por lo que pueden utilizarse como coadyuvante en el tratamiento antidiabético.


Frángula (Rhamnus frangula)

Las virtudes terapéuticas de la frángula son conocidas desde el siglo XVI, momento en que se descubrieron sus propiedades colagogas, es decir, su propiedad de facilitar la secreción de la bilis. Según la dosis, la frángula puede usarse como laxante o purgante. Su corteza, una vez recolectada y desecada, debe ser conservada durante al menos un año para que desaparezcan las antronas libres, presentes en la planta fresca y que causan irritaciones. Una vez desaparecidas estas sustancias, se utiliza la corteza seca cuyos principios activos, las glucofrangulinas, hacen aumentar la hidratación de las heces y estimulan el peristaltismo intestinal. A las dosis aconsejadas, la corteza de frángula es un laxante estimulante que no provoca irritación ni intolerancia. No debe ser administrada a niños y el tratamiento en adultos, no debe exceder de diez días. No facilita la reeducación del tránsito intestinal. Por ello, sólo debe utilizarse para tratar el estreñimiento ocasional. Una vez eliminado el tapón intestinal, conviene elegir plantas efectivas en el estreñimiento crónico.


Fucus

(Fucus vesiculosus)

El fucus representa un verdadero cóctel de elementos vitales: oligoelementos, minerales (cobre, zinc, selenio, hierro, manganeso, yodo...) y vitaminas, principalmente ácido fólico, vitamina C y vitaminas del grupo B (B1, B2, B6, B12) que favorecen el metabolismo de nutrientes, en particular de los azúcares. De ahí, su interés alimenticio y su papel en la estimulación de los intercambios celulares y la eliminación de los residuos. Sus mucílagos no asimilables se hinchan en el estómago frenando el apetito e impidiendo, en parte, la absorción de los nutrientes en el intestino. Por ello, está recomendado en los regímenes de control de peso. Ayuda a disminuir el peso, aportando al mismo tiempo todos los elementos indispensables para el equilibrio del organismo.

Ginkgo (Ginkgo biloba)

Originario de China y Japón, el ginkgo es una árbol legendario que ha resistido a las contaminaciones más graves del siglo XX, en particular, a la bomba atómica de Hiroshima. Los flavonoides de sus hojas ejercen una importante acción antioxidante que permite capturar los radicales libres a nivel retiniano y cerebral. El ginkgo regula la permeabilidad capilar, es vasodilatador y disminuye la viscosidad sanguínea. Ejerce un efecto beneficioso en las insuficiencias arteriales periféricas. Es un eficaz tratamiento del envejecimiento cerebral, pues mejora la memoria y la atención por estimulación de la síntesis de dopamina. Su acción sobre la neurotransmisión sensorial ayuda a tratar los problemas del equilibrio.



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Alcachofa (Cynara scolymus)

 

Esta deliciosa verdura, originaria de África del norte, es una de nuestras plantas occidentales más importantes; de ella consumimos habitualmente la flor. Sin embargo, la parte más interesante en fitoterapia por sus virtudes terapéuticas son las hojas, utilizadas para curar las enfermedades del hígado y de la vesícula biliar. Las hojas de la alcachofa contienen un principio activo importante, la cinrina. Ésta ejerce un interesante efecto anfocolerético, es decir, que tanto estimula como inhibe el flujo de bilis según sea necesario. Además, ayuda a reducir el colesterol y ejerce una acción hepatoprotectora y regeneradora de la célula hepática. La alcachofa contiene otros principios activos: la cinaropicrina, numerosos ácidos y varios flavonoides que actúan en sinergia para hacer de esta planta un excelente tónico amargo. Su actividad depurativa se manifiesta también interesante como coadyuvante en las dietas de control de peso.


Arándano (Vaccinium myrtillus)

 

El arándano es un arbusto que crece en las zonas montañosas. Su fruto, una baya de color negro azulado, contiene antocianósidos y taninos que mejoran la microcirculación. Está indicado en caso de hemeralopía (reducción de la visión ante una iluminación intensa) o cualquier otro trastorno de las arterias de los ojos. Son un remedio ideal para las personas que han de conducir durante muchas horas seguidas, especialmente durante la noche, cuando la agudeza visual suele disminuir. Además, el arándano permite que los ojos se recuperen después de una intensa jornada de trabajo. Gracias a su beneficiosa acción sobre la microcirculación, se produce una atenuación de las pequeñas venas que aparecen en la cara (fundamentalmente en torno a la nariz y mejillas). Dicha alteración es conocida con el nombre de cuperosis.


Bardana

(Actium majus)

La bardana es una planta bisanua que crece en las regiones templadas. Su raíz, muy alargada, presenta un gran interés terapéutico en el tratamiento de los trastornos de la piel. Su nombre popular, "hierba de los tiñosos", ilustra perfectamente la utilización terapéutica de esta planta en las afecciones de la piel. Las investigaciones científicas más recientes vienen a corroborar ese conocimiento empírico: la bardana posee principios activos antibacterianos y antisépticos que actúan sobre los microorganismos de la piel. Además, normaliza el porcentaje de azúcar en la sangre, lo que refuerza su acción contra el acné. Su acción estimulante sobre la producción de la bilis y su efecto diurético explican su papel como depurativo. La raíz de bardana está pues, indicada en caso de acné, eczema, forúnculos y otras afecciones de la piel.


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Boldo (Peumus boldus)

El boldo es un arbusto de hoja perenne que crece en las secas y soleadas laderas de las regiones centrales de Chile. Este país exporta más de 1000 toneladas de hojas de boldo al año. Su principal principio activo es un alcaloide, la boldina. La boldina actúa como tónico amargo y estimulante de la vesícula biliar y ligeramente laxante. Gracias a su acción colerética, también ayuda a la eliminación de cálculos biliares, además de ser utilizado en las afecciones del hígado y como hepatoprotector. La hoja de boldo aumenta la secreción de saliva en personas que padecen sequedad en la boca. Todos los constituyentes se potencian entre ellos. Por este motivo, es conveniente utilizar el polvo total de la hoja. Solamente de esta manera se consigue respetar la integridad del aceite esencial y obtener un óptimo resultado.


Cáscara Sagrada

(Rhamnus purshiana)

La cáscara sagrada pertenece a la familia de las rhamnáceas, plantas con principios activos de propiedades laxantes. Es ideal para el tratamiento del estreñimiento ocasional (debido a cambios de hábito alimentario, viajes, alteraciones emocionales, medicación...). Además de estimular el tránsito, favorece las secreciones intestinales consiguiendo una evacuación más fácil. No debe ser utilizada en niños menores de doce años y el tratamiento, en caso de adultos, no debe exceder de ocho días. Una vez normalizada la actividad del intestino, es necesario prevenir la reaparición del estreñimiento. Para ello, una de las plantas más conocidas y recomendadas por su contenido en mucílago es el Plantago ovata.


Calabaza, Aceite de semillas

(Cucurbita pepo)

El aceite de las semillas de calabaza posee un alto contenido en prótidos ricos a su vez en aminoácidos esenciales (hasta un 35%). Sin embargo, su importancia en dietética se debe especialmente a la presencia de un componente, la cucurbitacina, de interesantes propiedades a nivel prostático. Estudiada de forma aislada, la cucurbitacina podría intervenir en el bloqueo de la división de las células glandulares (acción antimitótica) ejerciendo además un efecto antiinflamatorio. Gracias a esta propiedad, también podría ser utilizado en el tratamiento de la inflamación de la vejiga.


Carbón vegetal

El carbón vegetal activo se obtiene mediante la carbonización de la cáscara de coco. En la actualidad, es adsorbente natural más poderoso. Tiene la capacidad de adsorber, es decir, de fijar sobre su superficie, diversas sustancias como bacterias, toxinas y gases. Es, por tanto, muy eficaz en el tratamiento de problemas funcionales del sistema digestivo como pueden ser los dolores abdominales, las dificultades en el tránsito intestinal y la inflamación de vientre. El carbón vegetal activo suprime rápida y eficazmente la aerofagia, los eructos y los desagradables gases intestinales. Asimismo, el carbón hace desaparecer el mal aliento, originado generalmente por una fermentación intestinal demasiado fuerte. También es muy útil en el tratamiento de las diarreas, ya que absorbe las bacterias presentes en el intestino.


Cardo Mariano

(Silybum marianum)

Su nombre proviene de una leyenda medieval. Queriendo la Virgen María esconder a su hijo Jesús de los soldados de Herodes, lo ocultó bajo las hojas de un cardo. Sin embargo, en su precipitada huida dejó algunas gotas de leche sobre sus hojas, dando lugar a su jaspeado. Se ha demostrado científicamente que su efecto sobre los trastornos hepáticos se debe a un principio activo llamado lilimarina. Ésta actúa directamente sobre las células del hígado, regenerándolas y combatiendo las sustancias hepatotóxicas (alcohol y otros tóxicos de origen alimentario). Favorece la secreción de la vesícula biliar, por lo que se recomienda en el caso de insuficiencia hepática o de cálculos biliares. También ejerce una acción hemostática interesante en caso de sangrado frecuente de nariz y de reglas abundantes.


Castaño de Indias

(Aesculus hippocastanum)

Contrariamente a lo que nos sugiere su nombre, el castaño de Indias es originario de los Balcanes. En medicina se utiliza sólo la corteza, ya que a diferencia del fruto, carece de efectos secundarios. Esta planta debe su gran interés terapéutico a su contenido en derivados cumarínicos, responsables de su importante acción vitamínica P. Sabemos que esta acción vitamínica P es múltiple: aumenta la resistencia de los capilares, disminuye su permeabilidad y tiene un efecto antiinflamatorio y antiedematoso. Todas estas propiedades hacen que el polvo de corteza de castaño de Indias, acondicionado en forma de cápsula, constituya un tratamiento práctico y muy eficaz de los problemas circulatorios, y en particular, de las varices y hemorroides.